dissabte, 10 de juny de 2017

Hacia un socialismo libre y democrático

Extracto de un artículo publicado en El País el 13 de septiembre de 1977
Juan Goytisolo

"La perspectiva exclusivamente «obrerista» de los movimientos marxista-leninistas implantados sobre todo en los núcleos estudiantiles y universitarios,(...) -esa concepción esquemática y abusiva de la sociedad en términos de obreros y fábricas, concepción que, fundada en una mitificación de la clase obrera, deja de lado o rechaza la problemática de todos los demás sectores sin cuya participación el tránsito de aquélla a un socialismo no autoritario resulta imposible. (...)
Los programas de nuestros partidos políticos no toman en consideración las aspiraciones de los seres humanos reales y concretos, para quienes lo que verdaderamente cuenta no es la toma del poder sino el logro de la felicidad. Por un lado eliminan de su vocabulario toda noción de trascendencia -el misterio insoluble de la creación de la materia, la realidad del dolor, la inevitable tragedia de la vejez y la muerte- o responden con vulgaridades seudocientíficas a las naturales inquietudes e interrogantes que han servido y sirven de base a las manifestaciones del fenómeno religioso a lo largo de la historia de la humanidad; por otro, excluyen la consideración de la existencia completa de nuestro cuerpo: esta realidad carnal, escandalosa y traumática para los «ascéticos» de toda laya, negada siempre en nombre de ideologías que lo convierten en simple abstracción angélica o lo reducen. a la triste condición de mero instrumento de trabajo. Mutilación por partida doble -física y metafísica- reflejada en la uniformidad e inconsistencia de unos programas culturales perfectamente intercambiables. (...) Ninguna propuesta -de debate sobre el tópico de la industrialización en cuanto presunto, agente liberador del ser humano o las aberraciones, cada vez más suicidas, de la sociedad de consumo. Ninguna alternativa en términos de imaginación y utopía."

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dijous, 8 de juny de 2017

Juan Peiró. Un ministro que pasó hambre

Extret de "solidaritat.net"

Un hombre en una época donde se dejaba de ser niño a los ocho años, a los quince eran adultos y viejos a los cuarenta. Nació en la miseria de una familia obrera, y a los ocho años empezó a recorrer -dirá su hijo José- en vez del camino normal de la escuela, el duro calvario de la fábrica, donde en medio del sudor, golpes y lágrimas empezó el aprendizaje de su vida.
Seguí le despertó a las ideas sindicales. En palabras de su hijo, si en vez de consagrar su vida a las ideas anarquistas, hubiera militado bajo la bandera del socialismo o entre las filas del cristianismo, hubiera continuado siendo un luchador íntegro y sincero; Mosen Jacinto Verdaguer, vestía sotana y, sin embargo, ¿cuántos “anarquistas” son acreedores del respeto y admiración que nos merece tan ilustre prelado? No son las ideas las que significan al hombre, sino el individuo que las honra por la honestidad con que las sirve. Y Peiró, como Mosen Jacinto, como el cura de Ars, sirvió dignamente a sus ideas porque era portador de un ego profundamente humano que hubiera elevado el impacto moral de no importa qué ideología.
Su primera acción fue la de organizar una huelga de aprendices en la fábrica donde trabajaba. A pesar de ser ya todo un militante obrero, la miseria le tuvo analfabeto hasta los 23 años. Sin saber leer llevaba siempre un ejemplar de la Soli, o El Vidrio bajo el brazo. Le dolía tanto esa falta, que aprendió a leer gracias a su primo Elio Belis, que le enseñaba de madrugada, después de 14 horas de trabajo. Aprendió con tanto tesón que llegaría a ser uno de los periodistas más destacados de la prensa obrera, y de los obreros que más escritos dejaron, tanto periodísticos, como organizativos.
De 1912 a 1920 fue secretario general de los obreros vidrieros y cristaleros de España. Defendió siempre la unidad de todos los trabajadores por encima de tácticas y procedimientos. Abogó por la unidad CNT-UGT; en 1920 fue detenido y trasladado a pie y encadenado de Barcelona a Vitoria (600 Km). Puesto en libertad en 1922, comenzó a trabajar en la Cooperativa de Obreros Vidrieros que un grupo de anarcosindicalistas había puesto en marcha en Badalona. A esta empresa se vinculará  profundamente hasta el final de la Guerra Civil. En 1922 fue secretario del Comité Nacional de la CNT.
En 1923 fue víctima de 2 atentados de los que salió ileso por casualidad. En el curso de su vida fue detenido tal cantidad de veces que ni él mismo llegaba a recordar. Al producirse el golpe de estado de 1923, Peiró es encarcelado de nuevo. Desde la cárcel se dedicará a combatir con dureza el sectarismo ideológico de ciertos anarquistas. Todos esos años los pasó entre la cárcel, el exilio francés o la clandestinidad. Fue director de Solidaridad Obrera y al comienzo de la II República, firmó con Pestaña el manifiesto de los Treinta, lo cual le enfrentó a las posturas extremistas de su organización.
Repudió siempre la violencia. Hombre luchador, de formas rudas, hablaba sin rodeos ni conveniencias y a su vez desprendía una gran bondad. Metódico de costumbres, se levantaba a las 3 de la mañana para entrar a trabajar a las 4. A mediodía, de regreso a casa, comía e inmediatamente se iba a la secretaría del Sindicato donde trabajaba hasta las 9 de la noche, y salvo las frecuentes reuniones nocturnas, llegaba a su casa y se acostaba. Sólo las frecuentes detenciones, y los domingos por la tarde que los dedicaba a ir con la familia a pasear o a ir al teatro, rompían su constante actividad. La familia de Peiró fue una familia numerosa. Su mujer de toda la vida era Mercedes Olives, abnegada, de aspecto delicado pero cuya alma encerraba, según describen de ella, el temple acerado de una espada toledana. Mercedes, sacrificó juventud y bienestar, compartiendo la vida con su marido e hijos. Le acompañó en el horno de vidrio, en la cárcel, en el exilio, y hasta recibiendo a personalidades en su época de ministro.
Estallada la Guerra en 1936, movilizó toda su influencia y prestigio moral para oponerse a los derramamientos de sangre, a los crímenes políticos y a las venganzas personales, salvando a muchas personas. En noviembre de 1936 es nombrado Ministro de Industria en el Gobierno de Largo Caballero, junto a otros tres anarcosindicalistas. En una ocasión, le intentan sobornar, y acuden a su casa a ofrecerle un dineral. Juan les expulsó a gritos. Esa noche, según cuenta su hijo, sólo tenían para cenar una patata y un par de zanahorias.
Como ministro, presentó importantes proyectos, defendiendo siempre la autogestión obrera. Los delegados comunistas frenaron todas sus iniciativas. Finalizada la actuación ministerial, regresó de nuevo al horno en la Cooperativa de Vidrio. Caída ya Barcelona, se dirigió con parte de su familia a Francia. Fue el representante de la CNT en la Junta de Ayuda al Refugiado, y a pesar de pasar dinero por sus manos, comía una sola vez al día para ayudar a los exiliados. En 1940 fue entregado a Franco por la GESTAPO y fue internado en la cárcel de Valencia.
Durante su prisión recibió la visita de muchas personalidades del régimen franquista para ofrecerle un puesto de oro y su libertad a cambio de dirigir los Sindicatos Verticales. Al no querer quebrantar su fidelidad un Consejo de guerra le condena a muerte. De nada valieron los testimonios de los hermanos maristas de Barcelona y otros enemigos políticos en su favor.  La pena es ratificada por el Consejo de ministros y es fusilado en Paterna el 24 de julio de 1942. El militar de oficio que le defendió, quedó tan impresionado con su bondad, y tan horrorizado con la injusticia cometida, que abandonó su carrera en el ejército. Ajusticiaron a un justo, a un hombre que en aquellos años de oscuridad, hizo a muchos reconciliarse con la raza humana. Su vida fue sin duda un apostolado moral.


 
 
«...Si la revolución consistiera en robar y matar, los ladrones y asesinos serían los más grandes revolucionarios. Justamente, es todo lo contrario. Los más grandes revolucionarios, de los cuales la historia se complace en hablar, son los que más lejos se encuentran siempre de todo derrame de sangre y de la amoralidad de las expropiaciones para el provecho personal...»
Juan Peiró 
 Del libro: Militantes Obreros. Semblanzas
(Ed. Voz de los sin Voz)

dijous, 1 de juny de 2017

Diguem-nos coses boniques

Publicat a l'Ara  el 27 de maig del 2017

Carles Capdevila 

 
QUAN PARLO en algunes xerrades de “viure amb humor”, no vull dir que riguem tot el dia. Ni es pot ni cal. Tenir humor vol dir tenir moral, i tenir moral vol dir tenir valors. Estar d’humor vol dir tenir una bona disposició, ser positiu. Si a sobre la ironia ens acompanya, trobarem complicitats i somriures o rialles que ens ajudin a superar mals moments.
En temps difícils, i els actuals ho són, l’actitud marca la diferència. I aquesta s’alimenta de l’autoestima, que no deixa de ser el balanç de com estem amb nosaltres mateixos quan passem comptes. Tendim a carregar o descarregar l’autoestima en funció del que diuen o pensen de nosaltres. Aquest carregador sembla fàcil i és enganyós, perquè donem massa pes a la valoració de l’altre, que sempre serà apressada o s’expressarà en likes superficials a les xarxes. En una societat competitiva costa trobar elogis personalitzats i de veritat, tots anem prou enfeinats.
Fa temps que penso que el més important, el més decisiu, el més transformador, és el que ens diem a nosaltres mateixos. De la mateixa manera que si ens agradem al mirall aquell dia sortirem amb més ànims al carrer, és bo treballar un altre mirall, l’interior, i no demanar-li qui és més bonic, sinó dir-nos coses boniques. No es tracta d’ensabonar-nos ni d’enganyar-nos, que tractant-se de nosaltres mateixos no colaria. L’exercici és més seriós. Cada dia de la nostra vida té dues versions, la cara A i la cara B. I com que està de moda la queixa, i pensar que els altres tenen més sort i mai rebem el que ens mereixem, solem ficar-nos al llit carregats de retrets contra el món. Si hi penses bé i ho treballes, cada dia t’ha dut coses bones, aprenentatges enriquidors. I si els vas recordant, si construeixes un relat cert sobre la part positiva del que et va passar ahir, sortiràs a afrontar l’avui amb més ganes.



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divendres, 26 de maig de 2017

Marca Hispànica

Extret de la Viquipèdia

La Marca Hispànica és la locució usada per a designar globalment els territoris i comtats conquerits per Carlemany a l'entorn dels Pirineus per tal de defensar l'Imperi Carolingi de les incursions i ràtzies sarraïnes provinents del califat de Còrdova.
Durant la segona meitat del segle XX els historiadors medievalistes José Antonio Maravall y Casesnoves i Ramon d'Abadal i de Vinyals demostraren concloentment la inexistència de cap Marca Hispànica com a entitat territorial o administrativa, i que la locució Marca Hispànica fou solament un mer recurs literari culte.
Entre el 752 i el 801 els francs de l'imperi carolingi iniciaren la conquesta de la península Ibèrica, llavors sota domini musulmà. Però la conquesta carolíngia tan sols reeixí a capturar la part septentrional de la vall del riu Ebre, terres que antigament havien format part del regne visigot, raó per la qual els francs es referiren a les terres que van des del Roine fins al Llobregat com a Gòtia o Gothica. Paral·lelament, com a mer referent geogràfic, i emprat de manera culta s'usà la locució «marca Hispanica» per a designar globalment, en sentit ampli i no només circumscrit als comtats catalans, tots els territoris conquerits per Carlemany com a barrera defensiva a la frontera sud del Regne Franc.
 

 

diumenge, 21 de maig de 2017

Recuperando a Negrín

Publicado en Canarias7 el 21 de mayo del 2017
Enrique Bethencourt

     Probablemente el canario Juan Negrín López, el último presidente de Gobierno de la IIª República, es la personalidad más maltratada de la izquierda española. El dirigente más difamado por sus contrincantes franquistas pero también por varios de sus compañeros de filas del PSOE. (...)
     Hasta hace bien poco desconocíamos casi todo de Negrín, especialmente sus virtudes. Eso sí, la dictadura se encargó de culparle de todos los males. Haciéndolo responsable de haber regalado a la Unión Soviética el denominado ‘Oro de Moscú’. Manipulando hábilmente la historia. Aquella España, la republicana, se vio sin apoyos frente a los golpistas que adelantarían el fascismo que poco después arrasaría Europa con la Alemania de Hitler a la cabeza. Y para tratar de hacer frente a un Ejército, el sedicioso, mejor pertrechado y con más apoyos externos, tuvo que recurrir a la compra de armas a la URSS.
     En su libro El escudo de la República. El oro de España. La apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, el historiador Ángel Viñas recuerda las enormes dificultades que vivió la República para armarse. «En comparación con la fuente de suministro cómoda, eficaz y altamente productiva que Franco encontró en las potencias del Eje, la República lo tuvo muy negro, fuera de la Unión Soviética. La operación montada en París desde los primeros días del conflicto, con su apelación a los canales del contrabando, no fue demasiado exitosa y nunca proporcionó en abundancia otro armamento que ligero, de variado calibre y con frecuencia de execrable calidad».
     En ningún caso el oro fue una regalía a los soviéticos. Sirvió para comprar armamento que la República precisaba para enfrentarse a un franquismo excelentemente alimentado desde el punto de vista armamentístico por Hitler y Mussolini. Y en modo alguno Negrín fue, como injustamente se le ha acusado, un títere de Moscú.
     Viñas señala que dentro de los puntales de la estrategia republicana se encontraba la consideración de que «los suministros soviéticos eran absolutamente vitales. Sin ellos la República perdería la contienda de forma irremisible. Constituían una condición necesaria, no suficiente, para afrontar un nuevo tipo de guerra». Una guerra que finalmente ganarían los franquistas, muy poco tiempo antes de que comenzara en 1939 la segunda guerra mundial. Negrín intentó prolongar la resistencia al avance militar franquista convencido de que el conflicto europeo era inevitable.
     Al odio desatado del franquismo se sumó la actitud no menos agresiva de su propio partido, gravemente dividido en la etapa republicana, con líderes enfrentados radicalmente con Negrín, entre ellos Julián Besteiro, Indalecio Prieto o Francisco Largo Caballero, el denominado Lenin español. El PSOE terminaría expulsando a Negrín de sus filas en 1946. Habrían de pasar 62 años para que el entonces secretario general de los socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, le devolviera a su nieta, Carmen Negrín, el carné del PSOE, reparando la grave injusticia cometida contra el científico y político grancanario.
     De no haber optado por dedicarse a la política, tal vez Canarias hubiese contado con un Nobel. Aquel grancanario de clase acomodada, de familia conservadora, tuvo la fortuna de poder formarse en universidades alemanes y era considerado un investigador de elevado nivel. Fue maestro de Francisco Grande Cobián y de Severo Ochoa, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959.
     Pero a Negrín le llamó la actividad política, interrumpiendo su carrera científica. Lo hizo por compromiso ético, como respuesta a una degradada realidad, como elemento sustancial para transformar la atrasada España de entonces. Una España analfabeta, pobre, caciquil, de profundas desigualdades.
     Le tocó, primero como ministro de Hacienda y luego como presidente del Gobierno de la República, ser protagonista de uno de los momentos más duros de la historia española. Y lo hizo con la altura de un gran estadista. La misma que mantuvo finalizada la Segunda Guerra Mundial para defender que España pudiera participar en el Plan Marshall, aunque eso diera aire a los dirigentes franquistas, porque su exclusión «significaría tan solo sufrimiento para el pueblo español». Añadiendo que «soñar con la restauración de la República a través del hambre y del empobrecimiento de España es un error». Una actitud profundamente patriótica y de pleno amor a su pueblo.
     Poco a poco se hace justicia y se va recuperando la figura de Juan Negrín, que comienza a ser conocido y reconocido. Hace unos días la Generalitat Valenciana homenajeó al político grancanario, coincidiendo con el ochenta aniversario de su nombramiento como presidente del Gobierno de la República por Manuel Azaña, tras la dimisión de Largo Caballero. Para Ximo Puig, jefe del Ejecutivo valenciano, se trata de contribuir a «rehabilitar la figura de un hombre que realizó una apuesta profunda radicalmente democrática y a favor de la convivencia».
     En Las Palmas de Gran Canaria se inauguró, en 1999, el hospital que lleva su nombre. El documental Ciudadano Negrín, ha contribuido, también, a que se conozca mejor al político y al ser humano. Y desde la Fundación Juan Negrín se trabaja por dar a conocer su figura a las actuales generaciones de canarios y españoles. La figura de un demócrata convencido, de un socialista moderado, que aspiraba a una España en paz y en libertad, con un proyecto común que respeta las diferencias territoriales, con más y mejor educación, en donde se superaran los abismos sociales que lastraban profundamente su desarrollo y hacían penosa la vida de sus hombres y mujeres.

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dimecres, 17 de maig de 2017

Un tipo del montón

Nació en un pueblecito que no tenía ayuntamiento. Siendo aún muy pequeño sus padres se trasladaron a una ciudad, de tamaño medio, totalmente eclipsada por su proximidad a la gran capital. En el colegio nunca destacó por nada. Notas medianas, altura mediana. Su carácter tímido le hacían pasar siempre desapercibido. Sus amigos le apreciaban, pero nunca lo encontraban a faltar cuando no estaba. Le gustaba el fútbol como a la mayoría de chicos de su edad, y jugó en las categorías inferiores del equipo de su barrio. No llegó al equipo amateur, había demasiada competencia en su puesto. En la Universidad sus mejores notas no pasaban del siete. Para sus profesores solo era una cara más en el aula. En su vida laboral nunca propuso ningún proyecto para mejorar el funcionamiento de la empresa. Con el día a día  y su rutina, iba más que sobrado. Y así pasaron los años como dice el bolero. Era un buen tipo, pero se ahogaba en un vaso de agua. Le faltaba iniciativa y entusiasmo. El típico tipo del montón. 

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dimarts, 2 de maig de 2017

Milonga del moro judío

Por cada muro un lamento
en Jerusalén la dorada
y mil vidas malgastadas
por cada mandamiento.

Yo soy polvo de tu viento

y aunque sangro de tu herida,
y cada piedra querida
guarda mi amor más profundo,
no hay una piedra en el mundo
que valga lo que una vida.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.

La guerra es muy mala escuela

no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

Y a nadie le dí permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre
y si hay dios, así lo quiso.

El mismo suelo que piso

seguirá, yo me habré ido;
rumbo también del olvido 
no hay doctrina que no vaya, 
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido