Detrás de cualquier puerta se encuentra la habitación que buscas. Sabes que existe, porque si no fuera así, no existirían tantas puertas. Parece fácil el trabajo. Basta dedicarse a abrir cerradura tras cerradura.
Después de sesenta años entrando y saliendo, empiezas a dudar... Realmente existe? Miras a tu alrededor. Por suerte aún quedan más puertas por abrir. No tiene sentido abandonar ahora. La Capilla Sixtina te está esperando. Entonces te paras un momento a reflexionar. Has entrado en estancias muy cálidas y seductoras, y en otras frías y asfixiantes. No estaban colocadas por orden. Es difícil establecer un criterio que te oriente en tu elección. Pero la aritmética no falla, y sabes que estás más cerca que al principio.
Y llega ese día que estabas esperando. Abres una puerta y entras en una estancia llena de espejos. Ves reflejado en ellos tu cara arrugada, tu cuerpo lastimado por el paso del tiempo y pese a todo, te reconoces y te comprendes. La auténtica Capilla Sixtina es simplemente la búsqueda, y el decorado de su cúpula es la suma de todas tus experiencias, de ese día a día de abrir y cerrar puertas. Mientras nos queden fuerzas ¡Sigamos pintando Miguel Ángel!